Acerca de mí

Desde el año 2003, formo parte de DC Web - Servicios de Internet y, como siempre detecté enseguida los errores y me gustan los textos bien escritos, mi función principal es revisar el contenido de los sitios web y redactarlo si es necesario. No obstante, mis conocimientos no iban más allá de lo que pude aprender durante los años de la escuela y de la universidad, y cuando una amiga me comentó sobre la carrera en la que pensaba inscribirse, no lo dudé, me inscribí yo también en el Instituto Superior de Letras Eduardo Mallea. ¡Eso era lo que a mí verdaderamente me gustaba! Así fue como comencé a cursar Corrector literario especializado, sin saber bien, al principio, en qué me iba a especializar.

A medida que avanzaba en la carrera, más me gustaba, pero, a su vez, más dudas tenía al escribir. Si bien —como mencioné antes— me caracterizaba por encontrar errores en los textos, desconocía muchísimas normas. Además, por lo menos en nuestro país, se habla y se escribe muy mal, es decir, tenemos muy malos ejemplos, incluso en los medios de comunicación, por ende, para escribir bien es necesario interiorizarse en el conjunto de reglas que determinan el uso correcto del lenguaje. Y, durante los años de formación, me di cuenta de que para aprender de verdad, hay que estudiar mucho y nunca dejar de hacerlo. La normativa del español es sumamente compleja y los signos de puntuación, principalmente la coma, ni te cuento lo complicado que son. No obstante, un texto bien escrito va mucho más allá de un error ortográfico o de unos dos puntos mal ubicados, hay que revisar un montón de aspectos. Debe analizarse palabra por palabra y, también, en su conjunto. Es importante lograr una uniformidad de criterio y tener en cuenta el público al que se dirige y la intencionalidad del autor. Un texto, por más pequeño que sea, requiere de mucho tiempo, dedicación, concentración y, especialmente, de mucha pasión y mucho amor. Está claro que la pasión y el amor por el texto bien escrito siempre estuvo en mi interior, pero el Mallea me dio las herramientas necesarias para que cada texto que pase por mi atenta lectura esté casi libre de errores. Y digo “casi libre de erorres”, porque el texto perfecto no existe, aunque, te soy sincera, intento que sea una realidad.

En cuanto a la especialización, al final, elegí la de textos académicos, ya que durante el segundo año de la carrera, se analizan muchos textos literarios y periodísticos; por lo tanto, preferí aprender más en profundidad las características de los escritos académicos, y así alcanzar una capacitación mucho más completa. Luego de un año de mucha investigación, trabajo y, sobre todo, de mucho aprendizaje, me recibí en diciembre de 2011.

Mi formación se perfecciona con la práctica concreta, puesto que es en la corrección de los textos donde internalizo las normas y donde surgen nuevas dudas que me obligan a revisar diccionarios y bibliografía específica, aprendiendo más cada día.

Estoy convencida de que es fundamental revisar cada texto que vaya a ser publicado y de que no da lo mismo que esté bien o mal redactado, ya que es tomado como modelo y enseña a quienes lo leen o lo escuchan. Además, un texto bien escrito es la base para una buena comunicación. Y comunicar bien le asegura al autor una mayor compresión por parte del lector o interlocutor que es, en definitiva, el objetivo máximo de perfeccionar una obra.